CORINNA, FULANA Y FALSA WITTGENSTEIN

11 mar
11 marzo, 2013

Éramos pocos y parió la abuela”, dice sabiamente el refranero español. Si a España no le faltaban energúmenos, pintamonas, porteras y amarillistas de salón profesionales, ahora resulta que la tal Corinna Larsen, mal llamada Corinna zu Sayn-Wittgenstein, salta a la palestra y comienza a vender entrevistas por doquier en las que airea con la boca chica o a los cuatro vientos todo tipo de informaciones, a todas luces falsas o manipuladas, sobre su supuesta relación pasada con los servicios de inteligencia españoles, con distintos ministerios patrios y hasta con el mismo Rey.

Nunca he sido capaz de comprender el motivo que lleva a los españoles de hoy en  general a interesarse y divertirse tanto con la vida de los demás. Los programas “rosas” son devorados masivamente por públicos de toda clase y condición, mientras que los nuevos héroes de la gente ya han dejado de ser El Cid, Hernán Cortés o Don Pelayo, para pasar a ser Belén Esteban o el idiota de turno que vende su vida a cambio de un puñado de sucias monedas. No entiendo qué interés le puede ver una persona a lo que suceda dentro de la vida personal de otro, ni mucho menos a las informaciones relativas a quién pase o deje de pasar por su alcoba. Me parece natural que nos interese conocer los éxitos y habilidades loables de nuestro prójimo (y mucho más si el prójimo es un compatriota), pero me repugna ese ansia envidiosa y destructiva de quienes centran su crítica en las debilidades o errores de los demás.

Y he aquí que en medio de toda ésta vorágine de indignidad, la avispada húngaro-alemana pechugona de los labios de besugo ha sabido detectar rápidamente ésta afición nuestra por alimentarnos de basura y se ha subido al carro de la indignidad, vendiendo historias que a pocos deberían importar, pero que importan, y dejando entrever relaciones sentimentales que para ningún español bien educado deberían ser relevantes, pues en caso de existir, toda persona es libre de haber mantenido una relación sentimental con quien le haya apetecido. Más bien, creo que propagar a los cuatro vientos (aunque lo haga de manera disimulada), haberse cepillado a éste o al otro, deja a la despechada e irredenta suplantadora de apellidos alemana a la altura del betún, muy cerquita de ese poco honroso lugar que ocupan las más atrevidas prostitutas.

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Corinna Larsen

Y es que ésta señora alemana, tan de moda en nuestros días en el ruedo pobre y cotilla de Celtiberia, no es solamente una buscavidas dedicada hoy a vender su vida al mejor postor, sino que  además mantiene igualmente indignada a mucha gente en Alemania, gente que no quiere que su gran país de gentes dignas y discretas sea “representado” en España por una impresentable succionadora profesional de honores y quién sabe de qué otras cosas. No quieren ser identificados con ella y tampoco entienden por qué sigue empeñada en utilizar contra viento y marea el título de Alteza Serenísima que en el pasado mantuvo tras su ahora terminado  matrimonio con el príncipe alemán Casimir zu Sayn-Wittgenstein-Sayn, en lugar de utilizar su apellido verdadero, “Larsen”. Mejor dicho, entienden que lo hace por soberbia, pero les molesta porque Casimir jamás le autorizó a utilizar su nombre tras su divorcio.

Y llegados a este punto, debo romper una lanza a favor de la familia afectada por esa impresentable barriobajera, que sin comerlo ni beberlo de pronto se ha visto envuelta en un huracán de noticias relacionadas con ella que no necesita. Además, naturalmente no le hace ninguna gracia el hecho de ver su buen nombre asociado a cualquier fulana de supuestos altos vuelos. Y es que esta familia, originada en un condado de la Westfalia medieval, de tradición y trayectoria impecable, emparentada con algunos grandes nombres de la alta política europea y con muchas de las grandes dinastías del Sacro Imperio Romano Germánico,  y dividida en 1607 en las distintas ramas que hoy la conforman (destacando las de Sayn-Wittgenstein-Berleburg y la de Sayn-Wittgenstein-Sayn),  está conformada por gente discreta y enemiga de notoriedades y banalidades de este tipo.

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Heinrich zu Sayn-Wittgenstein, gran piloto de guerra conocido como “El cazador nocturno” de la Luftwaffe

Forman parte de esa estirpe de alemanes rigurosos que no entiende de ninguna manera este follón ordinario y “rosa” de nuestras televisiones y periódicos y que se siente horrorizada e indignada con la sola posibilidad de verse relacionados con esa señora de la que hablo. Conozco muy bien y tengo por amigos a bastantes miembros de ésta familia, de una rama y de la otra (algunos viven en España), todos muy educados, muy discretos y muy respetuosos con su historia, como no podía ser de otra forma. Comentando sobre esta “señorita”, me han animado a escribir este artículo porque consideran que todo esfuerzo es poco cuando se trata de separar a esta víbora de su blasón y de su imagen. Por eso lo hago. Por eso y porque creo que el buen nombre de una familia con una tradición de más de 700 años no puede quedar manchado por las andanzas de alcoba o el politiqueo barato de la tal Corinna Larsen.

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1 comen.
  1. Alejandro Mayorga dijo:

    Tremendo que el Gobierno se haya rebajado a contestarle y no se haya atrevido a denunciarle.

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