UNA VISIÓN OPTIMISTA DE LA CRISIS. Y UN EJEMPLO HISTÓRICO.

22 nov
22 noviembre, 2012

Quisiera compartir con vosotros el anterior vídeo, GRAN VÍDEO, editado por una conocida organización auditora global y que aporta una visión muy positiva y esperanzadora sobre la actual crisis económica que atraviesa España y sobre nuestra situación y capacidad ante la misma.

Nuestro país sufre desde hace varios años  una larga agonía que viene precedida de uno de los mayores períodos de riqueza y auge económico que jamás habíamos conocido como sociedad colectiva. Durante más de una década construimos más de la cuenta, facilitamos mayor crédito del lógico, nos engrandecimos económicamente demasiado rápido y ahora no estamos más que  pagando las consecuencias de todos los excesos cometidos mientras que nuestra economía general, a la vez que nuestra sociedad, se resiente creando un panorama a menudo demasiado poco alentador.

Pero España no es solo crisis, ni es solo desesperanza, porque la España de HOY, queridos lectores, sigue representando nada menos que la cuarta economía del viejo continente. Somos un país que tiene colocadas a sus empresas en muchos de los mayores proyectos que actualmente son la envidia del mundo, como el proyecto ferroviario saudí Meca-Medina, la ampliación del Canal de Panamá, o la construcción de los buques de guerra tecnológicamente más avanzados. España es un país técnicamente líder en muchos de los grandes sectores que mueven a las sociedades modernas, como las energías renovables, el sector ferroviario, las ingenierías o la construcción. Nuestra sociedad, dejando a un lado los complejos sin duda presentes y tan perjudiciales, está conformada mayoritariamente por gentes que a lo largo de la historia han demostrado sobradamente saber salir victoriosas de las situaciones más complicadas y de las batallas aparentemente más insalvables. Carácter español, le llaman algunos. Ese instinto de supervivencia que parece despertarse en nosotros cuando parecemos estar tocando fondo…

Tenemos multitud de ejemplos que hablan de nuestra capacidad como pueblo y de nuestra fuerza cuando estamos unidos y, simplemente, nos creemos lo que somos. Si antiguamente ese espíritu heroico y triunfador de los españoles aparecía en los prolegómenos de una gran batalla o en el inicio de una gesta o de una conquista, hoy debemos sacarlo a relucir ante la batalla moderna del combate contra la crisis, de la superación personal y del ataque al enemigo que nos pretende derrotar. Nuevos enemigos, mismas soluciones. Solo cambia el año en el calendario y el formato del enemigo, pero nuestro espíritu debe permanecer inalterado si pretendemos, de nuevo, salir victoriosos.

Valga como ejemplo del espíritu de combate y de superación del español, las palabras inmortales del almirante español Don Blas de Lezo y Olavarrieta a las tropas españolas que defendían nuestra plaza de Cartagena de Indias en marzo de  1741, instantes antes de que la mayor flota naval jamás vista en la historia hasta el día D en Normandía (almirante inglés Vernon al mando), empezara a cañonear el fuerte de Bocachica. 30.000 ingleses y sus 168 barcos de guerra, contra 3.000 españoles y 6 barcos. Y salimos victoriosos. Muy victoriosos:

“Soldados de España peninsular y soldados de España americana. Habéis visto la ferocidad y poder del enemigo; en esta hora amarga del Imperio nos aprestamos para dar la batalla definitiva por Cartagena de Indias y asegurar que el enemigo no pase.

Las llaves de Imperio han sido confiadas a nosotros por el Rey, habremos de devolverlas sin que las puertas de esta noble ciudad hayan sido violadas por el malvado hereje. El destino del Imperio esta en vuestras manos. Yo, por mi parte, me dispongo a entregarlo todo por la Patria cuyo destino esta en juego; entregare mi vida, si es necesario, para asegurarme que los enemigos de España no habrán de hollar su suelo, de que la Santa Religión a nosotros confiada por el destino no habrá de sufrir menoscabo mientras me quede un aliento de vida.

Yo espero y exijo, y estoy seguro que obtendré, el mismo comportamiento de vuestra parte. No podemos ser inferiores a nuestros antepasados, quienes también dieron la vida por la Religión, por España y por el Rey, ni someternos al escarnio de las generaciones futuras que verían en nosotros los traidores de todo cuanto es noble y sagrado.

¡Morid, entonces para vivir con honra! ¡Vivid, entonces, para morir honrados!

¡Viva España! ¡Viva el Rey! ¡Viva Cristo Jesús!”

 

Pues eso: Adelante, con toda nuestra artillería y capacidad creadora, sabiéndonos capaces y aunque solo sea por el deber patriótico de no defraudar a los españoles que nos precedieron y por la obligación de dejar un futuro mejor a nuestros sucesores que vendrán.

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