DIPLOMÁTICOS ESPAÑOLES: LOS OTROS SCHINDLER

23 dic
23 diciembre, 2012

Durante los encarnizados años de la Segunda Guerra Mundial, la labor humanitaria y ejemplar de un grupo de diplomáticos españoles desplegados en legaciones de toda Europa, consiguió salvar de una muerte segura a decenas de miles de judíos, que irremediablemente habrían sido exterminados de no haber sido por la intervención de dichos compatriotas.

Desde estas líneas, me gustaría rendir justo homenaje a estos diplomáticos españoles casi desconocidos para la gran mayoría de los españoles de hoy, además de destacar el papel fundamental de España como nación en dichos hechos, tan confuso en la oficialidad de los últimos treinta y cuatro años. Asimismo, también debo resaltar que lo que aconteció en muchos de los consulados y embajadas españolas de la Europa de entonces, no fue un hecho marginal y aislado, sino que fueron muchos los diplomáticos que optaron por el mismo camino de la decencia, de la valentía y del deber humano.

Antes de entrar en materia y describir la intrépida labor de cada uno de nuestros protagonistas, será estrictamente necesario situarnos en la época y situación que por entonces se vivía en aquellos años de sangre, sudor y lágrimas (Sir Winston Churchill dixit), que tanto daño hicieron a Europa y que de una manera clara e inevitable, involucraron a España como país europeo que es y como simpatizante de la llamada “Alianza del Eje” que fue durante aquellos años de auge del nacionalsocialismo alemán.

España estuvo inmersa desde el 18 de Julio de 1936 hasta el primero de Abril de 1939, en una tremenda y sanguinaria guerra civil que enfrentaba a dos bandos claramente equiparables ideológicamente a los existentes en tantos otros países europeos de su momento: El bando Nacional y el bando Republicano. Dichos bandos, fueron militarmente apoyados por aquellas potencias extranjeras que en la coyuntura europea de entonces, les eran ideológicamente más afines: La Alemania de Adolf Hitler, la Italia de Benito Mussolini y el Portugal de Salazar apoyaron al bando Nacional, mientras que el bando Republicano recibió la ayuda de las llamadas Brigadas Internacionales (compuestas por voluntarios extranjeros de 54 países), de la Unión Soviética de Stalin y de las llamadas Milicias Confederales

Tras la victoria del General Franco y su inmediato ascenso al gobierno de España, nuestro país permaneció comprometido en cierta medida con la Alemania de Hitler dado el gran apoyo brindado por los alemanes para la consecución de la victoria Nacional en España, aunque llegados a este punto conviene dejar claro un pequeño gran detalle, a menudo tan intencionadamente confuso: España no perteneció a la llamada Alianza del Eje, pues esta Alianza fue suscrita el 27 de Septiembre de 1940 por Alemania, Italia y Japón, y más tarde engrandecida con la incorporación de Eslovaquia (Noviembre de 1940), Hungría (Noviembre de 1940), Rumanía (Noviembre de 1940) y Bulgaria (Marzo de 1941).

Nuestro país, si bien simpatizó con la citada Alianza, siempre se negó rotundamente a unirse a la misma y jamás hizo la guerra con los Aliados.

Simultáneamente a todos estos hechos acaecidos dentro de nuestras fronteras, la lejana Alemania estaba siendo gobernada con mano de hierro desde el 30 de Enero de 1933 por el canciller Adolf Hitler, que a la muerte del mariscal de campo Hindenburg, asumió las funciones de máximo mandatario con el título de Führer/Canciller y que, en 1934, es ratificado en un plebiscito en el que tomaron parte cerca de cuarenta millones de electores alemanes. Adolf Hitler, que accedió al poder de manera absolutamente democrática, no tardó en instaurar en Alemania el llamado III Reich, un régimen despiadado en el que todo giraba alrededor de su persona (el Führer), y en el que el gobierno parlamentario era presentado como incapaz e impotente. Y, más allá de eso, un régimen que desde sus inicios mostró una doctrina extremadamente antisemita en la que la llamada raza aria alemana representaba todo lo puro, mientras que la raza judía era presentada como impura y causante de todos los males de Alemania.

En este contexto, durante la noche del 9 al 10 de Noviembre del año 1938, estalla la llamada “Noche de los Cristales Rotos”, acontecimiento que significó la antesala del holocausto judío que más tarde tuvo lugar. Con el pretexto del asesinato de Ernst Von Rath (Secretario de la Embajada alemana en París, que murió a causa de los disparos de un judío alemán llamado Herschel Grynszpan), durante aquella fatídica noche se lanzó un ataque indiscriminado contra todos los ciudadanos judíos en toda Alemania y Austria, ataque que fue apoyado e impulsado por el Partido Nacional Socialista de Hitler (NSDAP), que utilizó todos sus instrumentos para actuar con la mayor dureza posible en contra de cualquier interés judío en ambos países. A lo largo de aquellas horas, más de 1500 sinagogas judías fueron arrasadas, más de 7000 comercios y almacenes judíos fueron destrozados y saqueados y casi todos los cementerios judíos de Alemania y Austria fueron destruidos. Alrededor de 100 judíos fueron asesinados en pocas horas y más de 30000 fueron detenidos y conducidos a los primeros campos de concentración germanos.

Tras estos acontecimientos, Hitler (que ya había anexionado Austria en Marzo de 1938), invade Polonia en Septiembre de 1939 provocando que dos días después Reino Unido y Francia entren en la contienda, iniciándose la II Guerra Mundial.

A partir de este momento, el gobierno del III Reich comenzó una persecución sistemática hacia los judíos y sus intereses. Estas políticas alcanzaron su culmen cuando, el 20 de Enero de 1942, tuvo lugar la llamada Conferencia de Wannsee. En dicha reunión, protagonizada por altos mandos policiales, civiles y militares del gobierno nazi, se debatieron los términos de lo que se vino a llamar “La Solución Final”, que englobaba todas aquellas medidas administrativas, financieras y materiales que a partir de entonces se iban a tomar en contra de los judíos. Tras esta conferencia, se llevaría a cabo un aislamiento aún mayor de los judíos, además de un expolio sistemático de todos sus bienes y una política de deportaciones y reclusiones en campos de concentración que en muchos casos condujo finalmente a exterminios masivos.

Ante esta situación, poco a poco comenzaron a agolparse ante las puertas de multitud de embajadas y consulados españoles en Europa, miles de judíos de ascendencia sefardita que, haciendo valer sus orígenes españoles, pretendían recibir la ayuda de nuestros diplomáticos con el único objetivo de poder huir de los territorios que se encontraban bajo influencia alemana y poder escapar así del exterminio. Cabe decir, llegados a este punto, que la II Guerra Mundial sorprende bajo influencia alemana y de sus gobiernos colaboracionistas a un ingente número de sefardíes, calculado en 200.000.

La respuesta de nuestros diplomáticos, conscientes del deber que tenían de proteger los intereses de todos aquellos ciudadanos españoles, de salvaguardar su libertad y de garantizar su seguridad, pero sobre todo conscientes de que en su conciencia pesaba el Quinto Mandamiento de la Ley de Dios, fue abrumadoramente humanitaria, denunciando por motivos éticos así como profesionales

la persecución racial que se estaba llevando a cabo, y en muchos casos participando de forma activa en la expedición de todo tipo de visados y en la elaboración de todo tipo de estrategias destinadas a salvar las vidas de tantos miles de seres humanos. Se estima que, entre 1939 y 1945, alrededor de 35.000 judíos europeos huyeron de la persecución a través de España.

De entre todos aquellos diplomáticos a los que aludimos, destacaremos y resumiremos las actuaciones de 9 de ellos, especialmente relevantes. Estos son:

 

EDUARDO PROPPER DE CALLEJÓN

 

 

Al término de la Guerra Civil española, en aquel lejano 1939, Propper de Callejón había sido destinado a la Embajada de España en París con el rango de Primer Secretario. Instalado ya en París, observó con preocupación el inició de la Segunda Guerra Mundial y los terribles acontecimientos sucedidos en Alemania en contra de los judíos. Propper, especialmente sensibilizado con la causa judía a causa de su matrimonio con Hélène Fould-Springer, perteneciente a una rica familia judía de origen austriaco y emparentada con los Rothschild, notificó en ese momento a las autoridades francesas el traslado de su residencia privada al castillo de Royaumont, propiedad de su esposa.

Bajo ese pretexto, Propper no solo logró mantener a salvo el castillo familiar de su esposa junto a toda la colección artística que guardaba en su interior, sino que utilizó dicha residencia como refugio para el patrimonio de muchas otras familias judías que veían peligrar sus bienes ante el avance nazi. Sin la protección de tal tesoro bajo estandarte español, el destino del mismo habría sido sin duda incierto.

Pero Propper no se detuvo aquí. Más tarde, cuando los alemanes ocuparon París aquel lejano 14 de Junio de 1940, miles de refugiados judíos huyeron despavoridos de la capital en todas aquellas direcciones que pudieran salvarles del asedio nazi. Gran parte de ellos, tratando de atravesar la frontera con España, huyeron en dirección al sur del país, en concreto a Burdeos, donde ante el consulado español se agolpaban miles de judíos desesperados por obtener un visado que les permitiera huir del país y atravesar la frontera con España en dirección a Portugal, país neutral desde el que muchos partirían en barco hacia otros países donde refugiarse.

Propper, que había abandonado París junto con el resto de las representaciones diplomáticas tras la invasión alemana de la ciudad el 14 de Junio de 1940, se instaló en el consulado español de Burdeos, donde presenció la tragiquísima situación que se vivía y el gigantesco amontonamiento de judíos a las puertas del consulado.

Sin dudarlo, nuestro diplomático se puso manos a la obra y, ante la proximidad de los alemanes y la necesidad inminente de urgencia, comenzó a sellar desde una pequeña sala sin acondicionamiento de ninguna clase, los llamados visados de tránsito. Estos visados concedían a aquel que los obtenía, la posibilidad de estar en España durante un periodo de tres días, tiempo suficiente para atravesar el país y alcanzar Portugal. Propper selló visados especiales durante días y durante noches enteras.

Aunque los libros de registro de aquellos visados actualmente han desaparecido, se estima que, entre el 18 y el 22 de Junio de 1940, Eduardo Propper de Callejón selló más de 1.500 visados, salvando a tantas personas que acudieron en su ayuda busca de una última esperanza para sus vidas.

El 27 de agosto del año 2007, la institución israelí para el recuerdo del holocausto “Yad Vashem”, otorgó a Eduardo Propper de Callejón el título de “Justo de las Naciones”, una de las más altas distinciones que los judíos entregan a un civil no israelí.
ANGEL SANZ BRIZ

 

 

El diplomático zaragozano Ángel San Briz,Sanz Briz fue un joven diplomático que entre los años de 1943 y 1944 fue destinado a la Embajada de España en Budapest como Encargado de Negocios de España en la capital húngara, por entonces bajo dominio del poder nazi.

La llegada de Sanz Briz a la legación diplomática, coincidió con el traslado masivo de judíos a los campos de concentración de Auschwitz y Birkenau, donde les esperaba un futuro de trabajos forzosos y, en muchos casos, de muerte.

Sin tiempo que perder, el diplomático zaragozano puso en marcha todos los medios a su alcance y, con la colaboración de un buen número de diplomáticos presentes también en nuestra legación, comenzó a emitir a favor de miles de personas las llamadas “Cartas de Protección”, que garantizaban la inmunidad a sus portadores en base a su presunta ascendencia sefardí. Sanz Briz, así como muchos otros diplomáticos españoles de aquel momento, basaron dicha inmunidad en el Decreto que el General Primo de Rivera emitió en 1924 y que reconocía la nacionalidad española a todos aquellos descendientes de familias españolas expulsadas de España en la época de los Reyes Católicos. Dicho Decreto no tenía ya validez alguna en aquel momento, pero aún así lo hicieron pasar como válido anteponiendo la humanidad al riesgo político que aquello les podía acarrear frente a las autoridades alemanas. De hecho, Sanz Briz despertó la inquietud de Adolf Eichmann, encargado nazi de la “Solución Final” en Hungría. Cuando el alemán preguntó a nuestro diplomático acerca de estas cartas de protección, Sanz Briz jamás dudó en argumentar que se trataba sin duda de documentos emitidos por el régimen de Franco a favor de judíos sefarditas, reconociéndoles la nacionalidad española. Bajo este pretexto, Sanz Briz otorgó este privilegio a muchos miles de personas, tanto de origen español como de cualquier otro origen, salvando de un futuro de trabajos forzosos y de muerte a más de 5.200 judíos.

Como ejemplo de aquellas Cartas de Protección emitidas por Sanz Briz, señalamos la siguiente:

“Certifico que Mor Mannheim, nacido en 1907, residente en Budapest, calle de Katona Jozsef, 41, ha solicitado, a través de sus parientes en España, la adquisición de la nacionalidad española. La legación de España ha sido autorizada a extenderle un visado de entrada en España antes de que se concluyan los trámites que dicha solicitud debe seguir.”

Nuestro diplomático recibió, en 1991, el título de “Justo de las Naciones”, otorgado por el    “Yad Vashem” israelí, que supone la más alta distinción que el gobierno de Israel otorga a un    civil no judío.

 

GIORGIO PERLASCA

 

 

Giorgio Perlasca fue un comerciante italiano nacido en Como, Italia. Durante su juventud, simpatizó con las ideas fascistas, fue fiel al novelista Gabriele D’Annunzio (persona de gran influencia en la ideología de Benito Mussolini), y tras luchas en el este de África junto a las tropas italianas, se postuló como voluntario y quiso luchar en el bando Nacional de Francisco Franco durante los años de la Guerra Civil española.

Tras su paso por España, donde recibió un salvoconducto para las misiones diplomáticas españolas, observó con desilusión el inicio de la Segunda Guerra Mundial y la alianza del fascismo italiano con la Alemania nazi.

Ya entrada la guerra, y a pesar de sus desilusiones, Perlasca trabajó para el gobierno italiano comprando diversos abastecimientos como carne y otros enseres destinados a su ejército en los Balcanes. Es en esta ciudad donde, como delegado oficial del gobierno italiano con estatus de diplomático, le sorprende la ocupación nazi de la ciudad en Marzo de 1944. Italia  por aquel entonces ya se había rendido al ejército aliado (el 8 de Octubre), y Perlasca fue hecho prisionero tras jurar fidelidad al monarca italiano. Tras unos meses de presidio, Perlasca logra escapar de la cárcel y se refugia pidiendo asilo en la Embajada de España en Budapest, pasando automáticamente a llamarse “Jorge” Perlasca, en lugar de Giorgio, y obteniendo iguales derechos a los de cualquier español.

En dicha Embajada, y a raíz de su desprecio por el antisemitismo nazi,  pronto comenzó a colaborar activamente con Sanz Briz en las labores de rescate de ciudadanos judíos que este estaba llevando a cabo en colaboración con las delegaciones diplomáticas de el Vaticano, de Suiza, de Suecia y de Portugal.

Cuando a finales de 1944, el ejército de la URSS estaba a punto de tomar Budapest y los aliados avanzaban con rapidez, Sanz Briz recibe la orden del gobierno de España de abandonar inmediatamente la delegación española en dicha ciudad y trasladarse a Suiza.

Tras la marcha del español, Jorge Perlasca continuó su tarea de salvamento de judíos, alegando ser el sucesor de Sanz Briz y falsificando por si mismo todos aquellos documentos que fueron necesarios para llevar a cabo dicha posición.

Perlasca se autonombró Embajador de España y en un papel con membrete oficial redactó su designación como representante del gobierno de Franco. Entregó el documento falso a las autoridades de la Cancillería húngara que lo aceptaron sin reservas. Acto seguido, puso bajo su custodia a miles de refugiados ocultos en las casas españolas y, al igual que Raoul Wallenberg, negoció con los sabuesos nazis para bajar de los trenes a la mayor cantidad de condenados a muerte en los campos de exterminio.

“Los familiares de los españoles en Hungría requieren su presencia en España. Hasta que se reanuden las comunicaciones y el viaje sea posible, permanecerán aquí bajo la protección del gobierno de España.”, rezaban sus cartas de protección basándose en una ley de 1924 por la cual se otorgaba la ciudadanía española a todos los judíos sefaraditas.

Con el Ejército Rojo en Budapest y la certeza de que alrededor de 5.200 judíos estaban a salvo, Perlasca inició el retorno a Italia.

 

BERNARDO ROLLAND DE MIOTA

 

 

Bernardo Rolland, Cónsul General en París desde 1939, se distinguió por su decidida defensa de los judíos, enfrentándose en algunas ocasiones a su embajador, José Félix de Lequerica, quien se inclinaba por no contrariar excesivamente a las autoridades del gobierno pro-nazi de Vichy y a los alemanes. En un primer momento, luego de que Vichy adoptara el “Statut des Juifs”, por el que se distinguía a los judíos del resto de la población, imponiéndoles todo tipo de prohibiciones, Rolland concentró sus esfuerzos en evitar la confiscación de los bienes de los judíos.

En agosto de 1941, Rolland interviene activamente en favor de 14 judíos sefaraditas que habían sido detenidos y enviados al campo de concentración de Drancy. Por esas mismas fechas, asume una iniciativa arriesgada, de la cual tenemos noticia gracias a un memorándum alemán del 14 de Septiembre. Rolland apeló a las autoridades alemanas de París proponiendo que en el término de unas semanas 2000 judíos, incluidos los detenidos de Drancy, fuesen transferidos al Marruecos español. Posteriormente, aunque sin demasiado éxito, intentó por distintas vías facilitar la salida de los judíos de Francia, al tiempo que continuó con sus denuncias de las cada vez más severas persecuciones.

En 1942, las gestiones de Rolland tuvieron éxito. Las autoridades de Vichy se vieron imposibilitadas de incautar el patrimonio de los judíos.

En septiembre de 1943, el gobierno español, a pesar de las presiones alemanas, empieza a evacuar ciudadanos franceses desde Cádiz, Algeciras y Málaga. Aún cuando Rolland terminó su mandato en París a mediados de 1943, es seguro que sus repetidos esfuerzos en favor de los judíos contribuyeron decisivamente a hacer posible estas evacuaciones.

 

JOSÉ RUIZ SANTAELLA

 

 

Ingeniero agrónomo de profesión, fue nombrado Agregado de la Embajada de España en Alemania el 5 de Septiembre de 1942. Desde su puesto, arriesgó su vida en numerosas ocasiones para salvar a judíos perseguidos. Su heroica actividad humanitaria le valió el nombramiento de Justo entre las Naciones concedida por el Museo del Holocausto de Jerusalén.

El 1 de Septiembre de 1944 fue destinado a la Legación de España en Suiza, donde estuvo hasta 1946, fecha en que fue destinado a la delegación diplomática en La Haya.

 

SEBASTIÁN ROMERO RADIGALES

 

 

A mediados de abril de 1943, Sebastián de Romero Radigales llegó a Atenas como nuevo Cónsul General de España. Desde su arribo a la capital griega, Romero Radigales puso todo su empeño en la defensa de los judíos sefaradíes (más de 800 personas entre las comunidades de Atenas y Salónica). Para ello invocó, como Sanz-Briz y otros, un decreto de 1924 que ofrecía a los judíos sefaradíes la posibilidad de acceder a la nacionalidad española, aunque sin precisar los requisitos. En un documento fechado el 30 de Abril de 1943, que consta en el registro del Ministerio de Asuntos Exteriores alemán, el embajador en Atenas Günther Altenburg deplora las insistentes demandas de Romero Radigales, a causa de las cuales se vió forzado a posponer la deportación de varios centenares de judíos de origen sefaradí. En consecuencia, el embajador alemán pedía la intervención de su Ministerio, con objeto de pedir a Madrid que cursase instrucciones a Romero Radigales para que dejase de interferir en las deportaciones.

Romero Radigales llegó a adoptar iniciativas que resultaron en la evacuación de 150 personas de un tren militar italiano, y luchó hasta el último momento por impedir la deportación de las 367 personas restantes, provocando un profundo malestar en las autoridades alemanas. Sus esfuerzos fueron en un primer momento infructuosos. Sin embargo, las gestiones realizadas por las autoridades españolas tuvieron éxito en febrero de 1944 cuando los alemanes autorizaron el traslado a España de los deportados.

También había dado órdenes oportunas para que en la delegación española fuesen depositados los bienes de los deportados sefaradíes con el objeto de evitar que cayesen en poder de los nazis, permitiendo su posterior recuperación.

 

JULIO PALENCIA

 

 

En diciembre de 1940, Bulgaria aprobó una amplia legislación antisemita, aislando a 50.000 judíos búlgaros del resto de la población, y restringiendo sus actividades comerciales, con el fin de retirarlos de la vida pública. Desde el primer momento, Julio Palencia, Ministro Plenipotenciario en la Legación de España, llevó a cabo una decidida defensa de los judíos de origen sefaradí (unos 150) y de sus bienes.

Por decisión de Eichmann, los judíos búlgaros fueron incluidos en el programa de exterminio alemán. En 1943 Julio Palencia tuvo noticia de la inminencia de las deportaciones por el Primer Ministro Bogdan Filov. Inmediatamente telegrafió a Madrid solicitando la intervención del gobierno español. Además, realizó gestiones ante Filov, al tiempo que pidió permiso a Madrid para nombrar agentes consulares a sueldo en aquellas ciudades donde residían más judíos sefaradíes, logrando evitar las deportaciones.

Palencia continuó insistiendo a Madrid para lograr la evacuación de judíos a España y, paralelamente, no dejó de interceder ante las autoridades búlgaras, de tal manera que su situación se tornó insostenible. La policía búlgara, que vigilaba el edificio de la embajada e interrogaba a todos los que entraban y salían, detuvo al secretario de Palencia, que era judío, acusándolo de espionaje. Finalmente, Palencia apeló al Embajador alemán en Sofía, aunque sin éxito, para proteger a los judíos.

Su posición clara y decidida le valió el epíteto “el amigo de los judíos” en la correspondencia alemana. En efecto, Palencia tuvo la audacia de desafiar abiertamente a las autoridades nazis, oponiéndose a la ejecución de un judío búlgaro, León Arié, dirigiéndose al embajador alemán en Sofía para denunciar los atropellos. Logró que los tribunales búlgaros lo autorizaran a adoptar al hijo y a la hija de Arié, a cuya madre alojó en la residencia oficial y protegió con un pasaporte diplomático español.

La tensión llegó a tal extremo que, finalmente, Julio Palencia fue declarado “persona non grata”, y tuvo que volver a Madrid. No sin antes afrontar situaciones de gran dramatismo a causa de su intento de llevarse consigo a sus hijos adoptivos, contrariando a los nazis.

Al finalizar su misión Julio Palencia había salvado las vidas de más de 600 judíos búlgaros.

 

MIGUEL ÁNGEL MUGUIRO

 

 

Miguel Ángel de Muguiro era Encargado de Negocios de España en Budapest en Marzo de 1944, cuando las tropas alemanas entraron en Hungría. Muguiro se había mostrado muy crítico con el antisemitismo del gobierno húngaro. Sus despachos a Madrid denunciaban las leyes que excluían a los judíos de la vida económica, la obligación de llevar la estrella de David y los distintivos amarillos, los saqueos de los negocios judíos e incluso las reacciones del pueblo húngaro ante estos hechos . Muguiro denunció también los proyectos encaminados a aniquilar a los judíos en Hungría. La posición crítica de Muguiro fue una fuente de tensiones entre el Gobierno de Madrid y el Gobierno húngaro, que denunció su actitud. Esta situación culminó con el cese de Muguiro, acusado de perturbar las relaciones entre los dos países. Fue sustituido por Ángel Sanz-Briz.

 

 

 

 

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3 comen.
  1. Pelayo dijo:

    Luis, precioso articulo sobre estos diplomáticos españoles en esa época tan dura. De los que se suelen citar,echo en falta a José de Rojas y Juan Swartz que también ayudaron a salvar a numerosos judíos del exterminio nazi.

    Responder
    • Luis Yanguas dijo:

      Hola Pelayo!,

      Muchas gracias. La realidad es que este artículo lo escribí y publiqué originalmente en la revista “DIPLOMACIA”…En el artículo de la revista (que se puede ver en edición impresa y en internet), también hablaba de José de Rojas…Aquí he abreviado un poquito y quitado algunos protagonistas…Quizá injustamente, porque todos aquellos españoles merecen el mismo homenaje. La historia es una maravilla.

      Un abrazo,

      Luis.

      Responder
  2. Julio Ortega dijo:

    Fantástico artículo, como todos los que he leído en este blog.

    Responder

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