DON RUY DÍAZ DE YANGUAS, 6º MAESTRE DE LA ORDEN DE CALATRAVA

10 may
10 mayo, 2013

Como otras veces he hecho, hoy quiero escribir sobre otro de mis antepasados de los cuales me siento especialmente orgulloso: Don Ruy Díaz de Yanguas.

Ruy era hijo del señor de Yanguas y nació en la villa del mismo nombre, situada en las Tierras Altas de Soria, a finales del siglo XII. Desde muy joven recibió instrucción militar y fue preparado para la guerra en un tiempo en el cual España estaba inmersa en la fase final de la Reconquista que había iniciado tiempo atrás el Rey Don Pelayo en la cueva asturiana de Covadonga.

Vino al mundo apenas 35 años después de la fundación de la Orden de Calatrava, institución militar y religiosa creada en el Reino de Castilla por el fraile Raimundo de Fitero con el objetivo de proteger la villa de Calatrava del avance musulmán. Pronto nuestro protagonista se involucró militarmente en los sagrados fines de dicha institución, participando activamente en episodios señalados de la misma y alcanzando  primeramente en ella el grado de Lugarteniente del Maestre, para más tarde convertirse en el VI Maestre de la Orden castellana.

Conservó el Maestrazgo de la Orden desde finales del año 1206 hasta 1212 y fue el líder calatravo que consiguió afianzar definitivamente las bases de la Orden española tras las acciones y episodios decisivos que lideró en la defensa del Castillo de Salvatierra contra el ejército almohade (donde con un ejército de solo 400 hombres alcanzó una victoria épica), y durante el transcurso de la gran Batalla de las Navas de Tolosa.

El Maestre dirigió siempre a su hueste con mano de hierro y disciplina espartana, convirtiendo a los calatravos en una tropa temida y envidiablemente bien estructurada que durante los años previos a la decisiva batalla de las Navas de Tolosa, fue dejando su sello de conquista allá por donde pasó. De esta forma, Don Ruy ingresó con su ejército en tierras moras andaluzas a principios de 1209, tomando los castillos de Montoro, el Plantoso, Fesora, Pilpasente y Vilches, y asolando por razones estratégicas todos ellos a excepción del de Vilches. Más tarde, en 1210 y como premio por sus servicios, el Rey Alfonso de Castilla entregó al Maestre de Yanguas el palacio toledano de Galiana, donde éste fundó el Priorato de la Orden y junto al cual construyó también la Iglesia de la Santa Fe. Y fue tal la admiración del Rey de Castilla por Don Ruy, que el Rey Don Alfonso quiso marchar junto a los calatravos a la conquista y destrucción de numerosas fortalezas árabes en los términos de Andújar, Baeza y Jaén.

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Pero sería en 1212 cuando el nombre de Don Ruy terminó de pasar definitivamente a la historia de los grandes militares de España. La batalla definitiva de las Navas de Tolosa había llegado y en los montes de Despeñaperros se daban cita en gloriosa unión los ejércitos de los Reyes de Castilla, Aragón, León, Navarra y Portugal. A ellos, se unían los ejércitos de la Orden de San Juan (actual Orden de Malta), así como las Ordenes del Temple, Santiago y Calatrava, que comandaba el flamante Maestre Don Ruy.

En aquella crucial cita bélica, donde finalmente el ejército cristiano resultó victorioso, demostraron los calatravos una bravura y un valor impresionantes, resistiendo eficacísimamente los ataques almohades tras fracasar el avance de Don Diego López de Haro, señor de Vizcaya, y organizándose de manera decisiva durante todo el transcurso de la batalla, dando un apoyo definitivo a la práctica totalidad de los flancos. Y tal fue su implicación, que el portaestandarte calatravo murió a manos de los moros y el propio Don Ruy Díaz de Yanguas perdió un brazo durante el transcurso final de la batalla.

Felizmente, tras la “Carga de los tres Reyes” del 16 de julio de 1212 vencimos en las Navas y Don Ruy cedió el Maestrazgo de Calatrava al VII Maestre Don Rodrigo Garcés, al renunciar voluntariamente tras las heridas recibidas en el campo de batalla. Y fueron tan grandes los servicios prestados por el Maestre y sus hombres en aquel episodio, que el Rey Don Alfonso de Castilla le restituyó a la Orden de Calatrava todos los derechos sobre su antiguo señorío de Calatrava la Vieja, que les había sido ganado por los moros 14 años antes.

Don Ruy Díaz de Yanguas, el viejo Maestre, se retiró entonces a esas tierras de Calatrava la Vieja que el Rey había puesto de nuevo a su servicio. Vivió en el convento calatravo que le habían restaurado, donde a pesar de haber renunciado al maestrazgo de la Orden, siempre fue tratado de Maestre y donde nueve años después murió y fue enterrado en la Iglesia de Santa María de los Mártires, para ser al poco tiempo trasladado a la Iglesia del mismo nombre que hay en Calatrava la Nueva, donde desde hace 792 años descansan sus restos junto a los de los 5 Maestres que le precedieron.

 

” Bien, freires, vamos a demostrar a esos sarracenos de qué están hechos los calatravos. Vamos a dejarles claro que les resultará difícil tomar Salvatierra y que han de prepararse para un asedio largo, como nosotros lo estamos. Haremos una carga y regresaremos. Es preciso que nadie se desmande ni rompa la formación. Eso les meterá el miedo en el cuerpo y nos salvará. Dejad a un lado a los peones. …Son los más dispuestos a morir y los más fáciles de matar. No perdáis el tiempo con ellos. Atacaremos a la caballería almohade. Nos guiaremos por las enseñas verdes. Muchos apenas lleváis meses en la Orden, mas habéis sido probados por el ayuno y la obediencia, endurecidos por la vigilia y humillados por la genuflexión. Que cada hermano sea la fortaleza para el otro, porque el hermano ayudado por el hermano es como una ciudad amurallada. Alabemos al Señor de los ejércitos que nos ha concedido el honor de cabalgar en su milicia y nos premia con este día de júbilo, dispuestos como estamos a ver su rostro”.
FREY RUY DÍAZ DE YANGUAS, durante la heróica defensa del castillo de Salvatierra, en plena Reconquista.
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