LA RELIQUIA DE SANTA UBALDESCA Y EL EXPOLIO DE ARAGÓN

12 dic
12 diciembre, 2012

Es de sobra conocido el desmesurado expolio sufrido por Aragón a manos de algunos de sus vecinos territoriales a lo largo de distintos períodos de la historia, principalmente durante el pasado siglo XX, ese que Gardel definía tan acertadamente como un “despliegue de maldad insolente”. Tampoco se han librado de dicho expolio otras zonas de España, y si bien durante el siglo XX fueron a parar a Cataluña 112 piezas históricas de distintas iglesias de Aragón, entre ellas el valiosísimo Frontal de Berbegal o las Tablas de Peralta de Alcofea, hace un par de años el gobierno socialista nos sorprendía con el robo a Salamanca para su posterior entrega también a Cataluña de más de 3 millones de documentos contenidos hasta entonces en el archivo histórico de la ciudad del Tormes.

Pero no todo son malas noticias para los aragoneses, que después de muchos años de pleitos y luchas, hace un par de días recibían con inmensa alegría la sentencia judicial que obligaba finalmente a Cataluña a devolverles una de las piezas más valiosas y simbólicas de su patrimonio histórico: La costilla y el valioso relicario de Santa Ubaldesca Taccini.

Cuerpo incorrupto de Santa Ubaldesca

Santa Ubaldesca fue una de las grandes Santas en la historia de la Iglesia Católica. Nacida en el pueblo de Calcinaia (cerca de Pisa, Italia), en 1136, durante toda su vida forjó un modelo único de bondad y santidad, caracterizándose por su especial caridad hacia los pobres y los enfermos y protagonizando multitud de milagros, entre ellos inexplicables curaciones de diversos enfermos del hospital de su ciudad. A los 15 años ingresó como monja en la Orden de San Juan de Jerusalén (actual Orden de Malta, que había sido fundada en Tierra Santa unos 50 años antes de su nacimiento), y se trasladó a la Iglesia del Santo Sepulcro de Pisa para formarse espiritualmente.

Pero fue en 1597 cuando, transcurridos 391 años de su muerte y proclamación como Virgen Protectora de la Orden de Malta, el Gran Maestre de dicha Orden decidió enviar a Doña Serena de Moncayo, priora del Monasterio de Sijena (Aragón), una reliquia de la Santa italiana, que custodiaron en dicho monasterio hasta que en 1969, con motivo de unas obras de rehabilitación, tuvo que ser trasladada hasta el monasterio Sanjuanista de Bonanova (Barcelona), donde fue posteriormente robada y dada por perdida durante décadas hasta que en marzo de 2010 una anciana señora aragonesa que por casualidad veía las noticias en televisión, reconoció con asombro el relicario entre el botín sustraído por la policía tras el robo en la casa de un ciudadano de Riudecols (Tarragona).

Tras la denuncia de la anciana señora, el ayuntamiento de Sijena se puso inmediatamente manos a la obra, iniciando una batalla legal que ha durado casi tres años y que ha culminado con la recuperación de la valiosísima pieza histórica, que más allá de significar la mera recuperación de la misma, supone el símbolo del inicio de una larga cadena de devoluciones de patrimonio que por justicia deben recaer sobre el patrimonio histórico de Aragón.

 

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