MANUEL DE AMAT Y JUNIENT, EL GRAN VIRREY CATALÁN DEL PERÚ

30 nov
30 noviembre, 2012

En estos tiempos de ausencia de patriotismo, en los que parece irreverente para algunos destacar la historia o la existencia de personajes catalanes que hayan ayudado a abrillantar los históricos blasones hispanos, no está de más que hablemos de Don Manuel de Amat y Junient, Virrey del Perú desde 1761 hasta 1776, durante el reinado de nuestro gran Rey Carlos III de Borbón.

Don Manuel de Amat y Junient, Caballero de la Soberana Orden de Malta y Teniente General de los Reales Ejércitos de Su Majestad, nació  en 1704 en Vacarisas  (población cercana a Barcelona), y murió el 14 de Febrero de 1782 en la preciosa capital catalana. Entre esas dos fechas, tuvo lugar una de las historias virreinales más interesantes y desconocidas a un mismo tiempo.

Amat era hijo del primer marqués de Castellbell, José de Amat y Planella, erudito e impecable catalán, culto e inteligente como pocos, que había protagonizado un destacadísimo papel en la Defensa de Barcelona y a favor de la causa borbónica de Felipe V durante los últimos tiempos de la Guerra de Sucesión española, tan de actualidad y tan tergiversada en la viciada y deshonrosa política catalana de nuestros días.

Armas del Virrey Amat en la fachada de su palacio de Barcelona

Armas del Virrey Amat en la fachada de su palacio de Barcelona

Desde muy pequeño, el joven Amat demostró una gran vocación militar, pues le habían sido inculcados en su propia casa los valores castrenses del honor, el amor a la patria y el orgullo de pertenencia a una nación entonces inmensa, que él siempre asumió con naturalidad desde el prisma del origen catalán, su manera orgullosa de sentirse español.

Por tanto, decidió iniciar una carrera fulgurante en el ejército, pasando como una exhalación por distintos grados militares y protagonizando acciones bélicas que transcurrieron desde sus más tempranas batallas a los 15 años contra los franceses en Aragón, hasta su importante participación en la gloriosa batalla de Bitonto (contra Austria y bajo las órdenes del conde de Montemar, posterior duque), pasando por el asedio y posterior captura de la ciudad de Gaeta, donde la tropa franco-española volvió a derrotar a Austria esta vez bajo el mando del duque de Parma.

Entre medias, y contando 17 años (en 1721), el futuro Virrey ingresó como Caballero en la Soberana Orden de Malta, motivo por el que viajó a la isla de Malta, donde permaneció cuatro años y donde participó activamente en la defensa y protección de la isla y de la sede del Gran Maestrazgo, entonces presidido por el 66º Gran Maestre Frey Antonio Manuel de Villena, español como él de origen.

 

Tras los anteriores acontecimientos,  Amat fue nombrado Gobernador de la Real Audiencia de Chile, cargo que ostentó durante casi siete años y a través del cual llevó a cabo conocidas e importantes obras públicas, canalizaciones y desarrollos urbanísticos como la construcción de los pueblos de Hualqui, Talcamávida o Nacimiento. Asimismo, el Gobernador Amat destacó también por ser el principal impulsor del desarrolló de un nuevo e innovador sistema defensivo fundado en base a las milicias urbanas.

Como reconocimiento a su labor en Chile, fue finalmente nombrado Virrey en el Perú, estableciéndose por tanto en la Ciudad de los Reyes de Lima, la ciudad “tres veces coronada”, donde inició uno de los más prósperos gobierno virreinales de la historia y donde transformó su corte en un lugar donde el refinamiento y el buen hacer mandaron siempre sobre todas las cosas, rodeándose  el virrey de los mejores asesores, consejeros y amigos.  Y destacó Amat en todo lo que acometió, desde sus reformas arquitectónicas hasta sus misiones militares, pasando por su sobresaliente impulso al comercio entre el virreinato y el resto de posesiones de la Corona de España.

En cuanto a lo urbanístico, protagonizó una de las mayores reformas estructurales de la ciudad de Lima, levantando algunos de los mayores y más bonitos monumentos y edificios de la ciudad, como la Torre de Santo Domingo, el palacio de la Quinta Presa o el insigne convento de las Nazarenas, que dedicó al Señor de los Milagros, Patrón actual del Perú.  Implantó una sociedad esplendorosa y refinadísima,  convirtiendo  aquellos edificios en testigos diarios de un constante pasear de gentes cultas y mujeres guapas y adornadas con los mejores trajes y perfumes. Creó una sociedad sin igual en la que la cultura y la belleza reinaban sobre cualquier otra circunstancia.

Desde el punto de vista comercial, su virreinato llenó las arcas del Estado a base de continuos envíos de riqueza a la capital del Imperio y fue siempre un excepcional administrador y gestor,  a quien el Rey Carlos III reconoció su labor concediéndole, entre otras distinciones, la Orden de San Jenaro, de la Casa de Borbón-Dos Sicilias.

Plano del Virreinato del Perú

Plano del Virreinato del Perú

En su faceta militar y estratégica, no fue menos bueno el Virrey Amat, demostrando sus extremadamente buenas dotes durante la Guerra de los Siete Años contra Gran Bretaña, a lo largo de la cual defendió el virreinato como nadie por medio de su Compañía de Dragones y su anteriormente mencionada milicia urbana. Para la defensa del virreinato durante esta guerra, levantó en tiempo récord toda suerte de fortificaciones a lo largo de la costa de su territorio, destacando principalmente las fortalezas y bases defensivas de Lima, el Callao, Valparaíso, Concepción, Valdivia o Chiloé, además de las islas de Juan Fernández y Guayaquil.

Pero el Virrey también tuvo tiempo para el amor, protagonizando una relación de casi quince años con la bailarina Micaela Villegas, cuarenta años menor que el, con quien tuvo un hijo y para quien levantó a las afueras de Lima un precioso palacete barroco.  Aquella fue una de las historias más revolucionarias de la vida sentimental limeña de la segunda mitad del XVIII, pero Amat siempre estuvo por encima de rumores y chismorreos.

Finalmente, el gran Virrey regresó a España en 1776, donde cesó en su actividad pública y donde construyó su magnífico palacio barroco de la Rambla de Barcelona (el palacio de la Virreina), en el que finalmente murió el 14 de Febrero de 1782, dejando para la posteridad una vida de leyenda y de patriotismo de la que deberían aprender muchos españoles de nuestros días. Sobre todo, muchos de los que dirigen la política catalana.

 

 

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1 comen.
  1. alfonso de la cueva dijo:

    gran personaje de quien no conocia nada. gracias por compartirlo y ya tiene usted un seguidor mas!!!

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