S.A.R. DON FELIPE DE BORBÓN, O EL FUTURO DE LA MONARQUÍA ESPAÑOLA

09 nov
9 noviembre, 2012

A las doce y cuarenta y cinco de la tarde de aquel lejano 30 de enero de 1968, nacía en la Clínica Loreto de Madrid (habitación 604), el esperadísimo tercer hijo de Don Juan Carlos de Borbón y Doña Sofía de Grecia. El niño, que fue apresuradamente anunciado en portada por el diario crepuscular “El Alcázar” (“Ha sido niño”), iba a ser bautizado con los nombres de Felipe Juan Pablo Alfonso, de la Santísima Trinidad y de Todos los Santos, y sería augustamente apadrinado por su abuelo el Conde de Barcelona y por la Reina consorte Victoria Eugenia de Battenberg.

Y, lo que es más importante, encarnaba al primer y único descendiente varón del ahora Rey de España, y por tanto llamado a ser algún día Rey de todos los españoles bajo el nombre de Felipe VI (nombre que se le había dado al neófito en honor a Felipe V, primer Borbón que reinó en España).

Ante los acontecimientos que se estaban desarrollando en España durante aquellos años, y quizá vislumbrando clara e inteligentemente el futuro de la sociedad española y de sus más altas instituciones, sus padres, actuales Reyes de España, quisieron que desde un primer momento se educara a ese hijo suyo desde la más absoluta normalidad, rodeado de un entorno exigente y católico pero que no otorgara al futuro Rey ningún protocolo específico o distinción propia de su Real cuna. Querían que fuera, en palabras de S.M. el Rey, “uno más”.

A los nueve años, el primero de noviembre del setenta y siete, recibe en Covadonga los títulos de Príncipe de Asturias, de Gerona y de Viana, tradicionales en el Heredero de la Corona de España y que corresponden a los sucesores de la Corona española, la de Aragón y la de Navarra.
El treinta de Enero del ochenta y seis, ya cumplida la mayoría de edad, jura ante las Cortes guardar la Constitución y acepta de esta manera en desempeño de sus obligaciones como heredero al trono.
Durante sus años escolares, y más tarde en sus años de universidad y postgrado, nuestro Príncipe ha destacado siempre tanto por su inteligencia natural (127 de C.I.), como por su capacidad de sacrificio, esfuerzo y trabajo. Todos los profesores y preparadores que le han tenido bajo su tutela, así como sus compañeros y amigos de estudios, han destacado siempre de él su enorme responsabilidad y su facilidad de trato y normalidad personal.

El Príncipe, siempre consciente de que su papel en el futuro le demandaría una preparación y unos conocimientos excelentes, fue formado militarmente en las Academias de Zaragoza, en la de Marín, en el buque escuela Juan Sebastián de Elcano, y en la Academia General del Aire de San Javier, convirtiéndose en Teniente Coronel de los Ejércitos de Tierra y de Aire, así como en Capitán de Fragata en la Armada Española. Tras dicha formación, que le dio un total conocimiento del mundo militar de España y donde recibió igualmente los halagos de todos sus mandos militares y jefes, el Príncipe inició su formación universitaria, graduándose en Derecho por la Universidad Autónoma de Madrid (obteniendo una media de Notable), y complementando su formación con un Máster en Relaciones Internacionales en la Universidad Católica de Georgetown.
Paralelamente a esta formación intelectual y militar, el heredero de la Corona de España es un hombre sano y fuerte, destacando en él un amor por los deportes que le llevó a abanderar a la selección olímpica española en los Juegos de Barcelona 92, donde obtuvo un destacado puesto en la clase “soling” de vela.

Además de todo esto, y centrándonos en su carácter personal, el príncipe de Asturias es un español preocupado por los problemas sociales y con un gran sentido del deber. En su agenda, con cientos de actos oficiales cada año, visitas de Estado, reuniones internacionales o actividades concernientes a la política interna española, nunca deja de lado aquellas labores humanitarias y sociales en las que cree que puede ayudar o aportar algo. Su conciencia, seguro fuertemente influida por el gran ejemplo de su regia madre, le guía siempre a ayudar a los más necesitados y a intentar construir un mundo mejor.
En este sentido, también preside un gran número de organizaciones benéficas, entre ellas las Fundaciones que llevan su nombre: Fundación Príncipe de Asturias y Fundación Príncipe de Gerona.

El Príncipe de Asturias, que domina varios idiomas a la perfección, que es un hombre de mundo y que sabe colocar cada prioridad en su justo lugar, ha sido siempre consciente de que para llevar a cabo de la mejor manera la tarea que la legitimidad histórica y la Constitución Española han depositado en él, iba a ser fundamental encontrar una buena “compañera de viaje” con la que contraer matrimonio, además de por su preparación, por amor. Por eso, consciente de que los nuevos tiempos y los nuevos regímenes políticos exigen cosas que hace solamente un par de generaciones eran impensables, el Príncipe contrajo matrimonio en el año 2004 con Letizia Ortiz Rocasolano.

Doña Letizia, actual Princesa de Asturias, es una mujer preparada, tenaz, responsable, eficiente, consciente del tiempo en el que vive y con una facilidad especial para el trato humano y todas aquellas labores que le sitúan profesionalmente de cara al público. Tras estudiar periodismo, trabajó desempeñando cargos destacados en medios como CNN+, la cadena estadounidense especializada en economía y finanzas BLOOMBERG, EFE televisión y finalmente Televisión Española, donde presentó informativos como INFORME SEMANAL o la segunda edición del Telediario de TVE, el de mayor audiencia de España. Además, obtuvo los puestos de enviada especial, cubriendo destinos como la invasión de Irak o el 11 de Septiembre americano.

Si bien Doña Letizia no fue bien vista inicialmente por muchos españoles, que creían erróneamente que el Príncipe debía casarse con una mujer de sangre Real o heredera de una casa nobiliaria relevante, su actitud, sus “resultados” y su buen hacer junto al Heredero, han callado muchas bocas y han enseñado a mucha gente algo que es obvio en una Monarquía Parlamentaria y democrática: Que para acompañar en la España de hoy al Príncipe de Asturias en su largo camino de entrega a España, no hacen falta ni sangres ni cunas, sino preparación, capacidad de aprendizaje, adaptación y profesionalidad.

La Princesa de Asturias ha callado muchas bocas, ha barrido de un plumazo los comentarios más esnobs de las señoras y los señores más pretenciosos y prepotentes de este Reino nuestro, y ha relegado los comentarios negativos sobre ella a unos simples “está muy delgada”, “calló al Príncipe cuando anunciaron su compromiso por televisión”, y varias simplezas aún más ridículas. Porque a la Princesa de Asturias, aludiendo simplemente a los hechos acaecidos a lo largo de los últimos seis años, no se le puede achacar nada en perjuicio de España, pero sin embargo sí podemos alabarle grandes logros a favor de nuestra Corona y, lo que es lo mismo, de España entera.

Los españoles debemos estar orgullosos del futuro de la Corona que representan nuestros Príncipes de Asturias. Tenemos al matrimonio heredero técnica y humanamente mejor preparado de toda Europa. Ningún heredero de ninguna Corona Europea (y hay diez Casas Reales en los gobiernos del viejo continente), a excepción del Príncipe Carlos de Inglaterra por motivos de edad, tiene un mayor bagaje en política internacional, en diplomacia mundial y en preparación que el que tiene el Príncipe de Asturias.

Mientras los españoles sepamos mirar a nuestras instituciones actuales con gratitud e inteligencia (evitando prejuicios absurdos), y sepamos apreciar el impagable e inigualable papel que a favor de España juega actualmente nuestra Corona, cualquier crisis política será menos drástica y sabremos que, por encima de los partidos políticos cambiantes, existe esa Institución histórica pero sobre todo práctica, que defiende los intereses de cada uno de los españoles invariablemente. Y hoy, con mayor motivo, debemos saber que estamos de suerte al poder contar con un futuro más que alentador para lo más alto de la Jefatura del Estado: Los Príncipes de Asturias.

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