LA MALINCHE, O LA MUJER QUE FACILITÓ EL DESCRUBRIMIENTO

15 nov
15 noviembre, 2012

A lo largo de la prodigiosa historia de España en América, y por tanto en el periodo más prolífico de la historia de la civilización occidental, encontramos determinadas circunstancias o personalidades sin cuya intervención el rumbo de los acontecimientos habría variado hacia lugares desconocidos. Uno de esos personajes imprescindibles, a la par que desconocidos para los españoles de hoy, es sin duda la Malinche, la india Malinalli o, sin más: Doña Marina.

En los albores del Imperio español, cuando se iniciaba el siglo XVI y los asentamientos de la España americana se limitaban a varias islas caribeñas cuya base principal mandaba desde La Española el primer gobernador de Cuba, don Diego Velázquez de Cuéllar, un grupo de alrededor de 400 intrépidos españoles comandados por don Hernán Cortés, decidió partir desde aquella isla caribeña, para descubrir nuevos territorios ubicados hacia el oeste. Corría el año de 1519 y aquel grupo de españoles perseguía, en nombre de Dios, del Rey y de su propia prosperidad, iniciar un camino desconocido con el objetivo de explorar y conquistar nuevas tierras y riquezas.

Aquel insigne grupo de españoles alcanzó tras larga travesía las costas de Tabasco, en el territorio que más tarde se bautizaría como Nueva España y que, en nuestros días, conocemos como México. En aquel tiempo, ese área de desembarco estaba poblada por mayas que, organizándose en un ejército de más de doce mil hombres, recibieron a aquellos exploradores con gran hostilidad y cargaron contra la expedición española con grandiosa virulencia, carga que fue repelida por los nuestros a base de arcabuzazos y cargas de caballería, que hicieron rendirse al enemigo y, en consecuencia, cambiar de estrategia para intentar buscar vías de amistad que ayudaran a entablar buenas relaciones con aquellos hombres vestidos de plata que, cabalgando sobre sus caballos, les parecían unicornios venidos de otros mundos.

Como muestra de aceptación de la nueva realidad, los mayas entregaron al grupo de españoles todo tipo de riquezas, joyas y textiles. Además, y dado que aquellos españoles viajaban sin mujeres, los mayas pensaron que quedarían muy agradecidos si, además de riquezas materiales, les entregaban esclavas que les acompañaran en el arduo camino de su expedición. De tal forma, les hicieron entrega de 20 doncellas esclavas, que fueron inmediatamente distribuidas y puestas al servicio de los soldados de Hernán Cortés. Entre todas ellas, había una llamada Malinalli Tepenal, que le fue adjudicada a don Alonso Hernández, uno de los hombres de mayor confianza de Hernán Cortés en aquella expedición.

Malinalli Tenepal, cuyo nombre tenía el precioso significado de “Abanico de plumas blancas”, era una india de 17 años especialmente atractiva e inteligente, que enseguida fue bautizada con el nombre de Marina, en honor a la Santa gallega. Nació cerca del actual Veracruz (en aquel tiempo en territorio azteca), y se cree que era hija de un cacique local de cierto poder. Por razones desconocidas, Marina fue vendida como esclava con alrededor de 15 años a los mayas, quedando en su poder hasta la posterior llegada de los españoles. Por tanto, como consecuencia de sus orígenes y de su destino, Marina había aprendido tanto el nahuatl (idioma de los aztecas), como el maya (idioma de sus amos durante su esclavitud), circunstancia que fue definitivamente clave en el devenir de los acontecimientos para aquel glorioso contingente.

Hernán Cortés tardó poco tiempo en caer rendido ante la belleza de Marina, ordenando en consecuencia a don Alonso Hernández viajar a España para transmitir las novedades de la expedición al Emperador y, de esa forma, poder apropiarse y disponer para sí de la india Marina. Tras dicha orden de Cortés, don Alonso partió hacia España, aprovechando este la nueva situación para convertir a aquella india en su fiel y permanente acompañante.

Sucedido lo anterior, por aquellos días se dio la circunstancia de que Gerónimo de Aguilar, expedicionario español cercano a Cortés que años antes había naufragado frente a las costas del actual México y que conocía a la perfección el idioma de los mayas por haber convivido con ellos tras su naufragio, no tardó en darse cuenta de que, además de sus virtudes físicas, aquella india de la que Cortés se había apoderado, no solamente conocía la lengua maya sino que también conocía a la perfección el náhuatl, idioma que sin duda aportaría a los españoles un perfecto entendimiento con los pueblos indígenas que a partir de aquel momento encontrarían a su paso. Y en ese detalle, precisamente, encontró Cortés la mayor valía de aquella india a partir de aquel momento.

Una vez establecida una relación cercana entre Cortés y la india Malinalli, el ejército español avanzó pueblo a pueblo, tribu a tribu e indígena a indígena, en su expedición hacia la capital del Imperio Azteca, la maravillosa ciudad de Tenochtitlán, para dar a conocer a Moctezuma II, gran Emperador, que a partir de ese momento todo había cambiado para ellos, que había un nuevo Señor de aquellas tierras, y que aquel Señor era el Emperador Carlos I de España.

Marina, que poco a poco fue adquiriendo igualmente conocimientos de español, traducía inicialmente del nahuatl al maya todo aquello que iba siendo necesario a su paso por las distintas poblaciones que la expedición iba atravesando, mientras Gerónimo de Aguilar hacía lo propio del maya al español. Además, la india Marina dispuso siempre de una natural habilidad diplomática en su relación con los pueblos que encontraron a su paso, facilitando siempre los acuerdos entre españoles e indígenas y evitando con suma facilidad muchos de los enfrentamientos que inevitablemente habrían tenido lugar sin su intermediación. De esa forma, una comunicación que inicialmente pareció imposible, se pudo hacer realidad y los españoles fueron convenciendo poco a poco y con suma facilidad a los indios que poblaban esas tierras, para que se pusieran de su lado en la labor común de liberarse del yugo despiadado y sanguinario impuesto por los gobernantes del Imperio Azteca. Así, decenas de miles de indígenas de muy distintas zonas del actual México, vieron por primera vez una luz de esperanza hacia su liberación del dominio azteca y avanzaron hacia Tenochtitlán codo con codo junto al ejército español, bajo el mando de don Hernán Cortés.

Por fin, cuando los españoles llegaron junto a su ejército de indígenas a las puertas de Tenochtitlán, con apenas 20 caballos y algunas piezas de artillería, fueron recibidos por el gran Emperador de los aztecas, a cuyo encuentro acudieron tanto Cortés como la hermosa india Marina, que fue una vez más la encargada de traducir aquella histórica y trascendental conversación, haciendo posible el acuerdo y el entendimiento entre aquellas dos personas que representaban dos mundos hasta ese momento tan distantes.

Tras los episodios que vinieron después, poco a poco Cortés fue consolidando una relación de amor por la india que a partir de entonces fue llamada por todos doña Marina, y que había facilitado en gran medida una de las labores históricas más importantes que jamás haya llevado a cabo pueblo alguno y que fue la conquista de México. Fruto de aquel amor, nació Martín, hijo de ambos y primogénito del gran conquistador español.

Por todo lo anterior, y por todo lo que vino después, debemos reconocer que fue una mujer, sangre de la sangre de aquellos nativos mexicanos, la que jugó uno de los papeles más imprescindibles de aquella gesta que hoy recordamos con emoción y que ayudó a hacer posible que hoy la comunidad hispanoamericana la conformemos más de 450 millones de personas y que la cultura española sea hoy un tesoro mundial sin igual, en plena evolución.

Gracias, eternamente, doña Marina.

 

 

Tags: , , , , , , , , ,

Coméntalo en Facebook

6 comen.
  1. Ariel dijo:

    No. El descubrimiento, no (esa fue Isabel la Católica), sino la civilización, pacificación y evangelización de América.

    Responder
    • Luis Yanguas dijo:

      Hola Ariel,

      Tienes razón en que Isabel de Castilla fue sin duda la primera mujer impulsora del Descubrimiento. Sin duda. Pero Malinalli también aportó su granito de arena, como bien dices, al ayudar en el entendimiento, la pacificación, la unión y la evangelización…Aquello fue una gran tarea de muchos hombres y mujeres, pero en este artículo quise resaltar la figura de una de ellas, quien en mi opinión fue una de las importantes.

      Un abrazo.

      Responder
  2. PEDRO CORONEL TAPIA dijo:

    CONOCER LA GRAN HISTORIA HISPANA ES INMENSAMENTE PLACENTERO Y ME LLENA DE ORGULLO

    BUENA INFORMACIÓN, Y LATINOS POR SIEMPRE… PLUS ULTRA

    Responder
  3. PEDRO CORONEL TAPIA dijo:

    latinos por siempre,
    ¡ que viva nuestra lengua castellana !

    att. desde ecuador

    Responder
  4. Luis Yanguas dijo:

    Thank you for bringing up this great information about La Malinche.

    Best regards,

    Luis Yanguas

    Responder

Trackbacks & Pingbacks

Por favor, deja tu opinión

¿Quieres participar en el debate?
¡Eres bienvenido!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

© Copyright - La oreja de Jenkins