ELECCIONES CATALANAS: MAL RESULTADO PARA ESPAÑA

26 nov
26 noviembre, 2012

Los resultados electorales catalanes han sido, en términos generales, malos para España. Malos, porque hoy Cataluña está mucho más dividida que ayer, porque la necesidad de pactos perjudiciales para nuestro país se divisa clara e inevitable en el horizonte inmediato, y porque hoy el voto radical izquierdista, republicano e independentista es mayor, con un ERC que duplica sus escaños en el parlamento autonómico y un CUP (partido de extrema izquierda comunista, independentista y anti sistema), que irrumpe en el paisaje político catalán con una hoja de ruta de ciencia ficción y un discurso caótico y apocalíptico, más propio de la Rusia estalinista que de la España moderna del siglo XXI.

Artur Mas, ese irresponsable irredento y bastardo que hoy sin duda no es más, sino menos, convocó elecciones anticipadas pensando haber recibido tras la ultima Diada un mandato directo a su partido para iniciar el liderazgo de lo que Su Majestad el Rey vino a definir, impecable, como una “quimera”. Se equivocó de lleno el ambicioso “president”, puesto que su coalición ha descendido estrepitosamente en 12 diputados y ha protagonizado el mayor ridículo de su historia, acabando muy lejos de aquellas grandes mayorías con las que el líder de CIU nos ha estado taladrando los tímpanos desde el inicio de su campaña electoral. Le ha salido mal, muy mal, la jugada. Mas ha querido ir a por lana y ha salido sin duda trasquilado.

 

Pero si bien la cara de Mas era ayer un poema, viéndose obligado a salir a la palestra protegido por su mujer y con expresión de cordero degollado pero sin prescindir de su cursilería y prepotencia características, lo verdaderamente negativo viene a partir de ahora, cuando la realidad nos dice que CIU solamente puede formar gobierno con ERC o PSC, y cuando nos encontramos una repartición de escaños que sitúa a ERC en segunda posición y  muchas de las hipótesis apuntan a que CIU podría pretender continuar con sus planes independentistas de la mano de los republicanos catalanes a costa de vender su alma al diablo y de incendiar su propia ideología, su honor y sus principios en la triste hoguera de las vanidades de barretina y butifarra barata.

Si se cumplen las peores expectativas, Cataluña, y en consecuencia España entera, entraría en un período de confrontaciones, de continua pugna y de pulsos entre los que quieren a España y los que tienen por objetivo destrozarla. Artur Mas, indigno, prepotente e imprudente donde los haya, puede hacer resucitar de un plumazo a las pasadas sombras del desastre tripartito y el gobierno de España tiene la obligación de mantener a partir de ahora una línea de actuación clara, estricta pero inteligente.

Nos esperan tiempos duros, tiempos en los que el veneno nacionalista inyectado en la aorta de un pueblo engañado durante décadas debe ser combatido con especial dureza y decisión. No nos debe temblar el pulso.

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