LA ESPAÑA IDIOTIZADA

14 ene
14 enero, 2013

Decía el gran maestro Marshall McLuhan, que la indignación moral es una técnica utilizada para dotar al idiota de dignidad. Maestro en filosofía, perfecto dominador de los medios que comunican con la gente y soberbio conocedor de las sociedades occidentales, aquella frase del prolífico canadiense parecía haber sido creada para describir los hechos que actualmente afectan a España.

Es inevitable reconocer que la situación económica española es desastrosa, que la crispación de la sociedad es mucho más que lógica, o que nuestra clase política es manifiestamente mejorable en un porcentaje alto de los que la conforman. También es evidente observar que el problema de hoy le afecta a la gente al “bolsillo”, y que es ese el principal motivo por el que las alarmas de la paciencia han estallado en mil pedazos y el pueblo se ha lanzado a la calle un día sí y otro también, para reclamar unos derechos que reconoce como suyos. Es cierto. Cierto y comprensible hasta cierto punto.

La sociedad española vive un momento convulsivo y crítico al cual no está acostumbrada y que además padece en forma agrandada y multiplicada por culpa de la gestión ineficaz, torpe y malvada de un gobierno socialista que años atrás puso a España en la senda del abismo y que no supo evitar algunos de los graves vientos que provocaron las tempestades que hoy sufrimos, cuyos efectos podrían haberse visto reducidos de no haber sido por los motivos por todos conocidos. Asimismo, no es menos cierto que quien ha recogido tan desastroso testigo, el gobierno del Partido Popular, en ocasiones se está mostrando superado por una situación que ni en sus peores sueños esperaban fuera a ser tan pesimista. Facturas debajo de las mesas, deudas autonómicas estratosféricas e inesperadas, problemas varios.

A todo lo anterior, se une ahora el problema catalán, problema que habiendo nacido en base a una enorme mentira histórica correspondientemente desmontada, fija hoy sus objetivos en una hipotética independencia regional basada en motivos puramente fiscales. Como ya se ha destapado que Casanova era más español que una jota, que en 1714 nada de lo acontecido tenía que ver con lo que ahora reclaman, o que Cataluña jamás ha sido (ni ha querido ser), otra cosa distinta a España, ahora los protagonistas de la farsa catalana aprovechan la debilidad de la población y el momento crítico de la economía general, para reclamar una independencia que haga desaparecer un imaginario “expolio” protagonizado por el Estado, al que acusan de todos los males que les afectan. Una manipulación perfecta en un momento idóneo, que descarga de culpa a los verdaderos culpables.

Pero el problema de España va mucho más allá. Nuestro problema patrio se ramifica y se reproduce en todos estos problemas y en muchos más, contando todos ellos con un denominador común claro: La manipulación moral del pueblo por parte de los medios. Y es aquí donde entra en juego la máxima del gran McLuhan.

España, cuna antigua, país de raza milenaria y crisol de cien mil pueblos que ha protagonizado muchas de las hazañas más heroicas de la humanidad, que ha mandado sobre el mundo y que ha parido por igual a Césares romanos, a Reyes Godos y a muchos de los mejores militares que han puesto sus pies en la tierra, ha dejado de ser aquella grandiosa patria de gentes incorruptibles, grandes y testarudas para convertirse hoy en un país donde el concepto del honor es exiguo y en el cual una gran masa de gente se rige por las envidias, por la mediocridad y por la conveniencia de su propio bienestar personal. El país mediocre en el cual los medios de comunicación han conseguido idiotizar a la población a base de transmitir incultura en algunos casos, gusto por lo banal en muchos otros y, sobre todo, manipulaciones políticas. Nada es suficiente para los medios “democráticos”, si el objetivo final persigue adoctrinar al rebaño y contarle una mentira un millón de veces para finalmente hacer pasar dicho embuste por una verdad incontestable.

Y he ahí el problema real, que es ese y no otro. La libertad de prensa y determinadas libertades generales puestas a disposición del pueblo y de la clase política se han mostrado manifiestamente excesivas a lo largo de los años transcurridos desde 1978 hasta esta parte. Todo lo bueno que hemos alcanzado, que ha sido mucho, se ve ahora empañado a raíz del claro envenenamiento de la sociedad, producido en exclusiva por un poder mediático envilecido y por un poder político demasiado libre o, mejor dicho, erróneamente libre. Tan erróneamente libre, por ejemplo, como para engañar al rebaño y situarlo frente a frente, en lucha con su propio país.

Y yo me pregunto: ¿Sería necesario encontrar fórmulas que otorguen a un ente único facultades de gobierno y decisión superiores a las que cualquier órgano de gobierno tiene actualmente? ¿Está el poder demasiado repartido y demasiado a disposición plena de ese ente a veces indefinido al que llamamos pueblo? ¿No es esta una sociedad con demasiados políticos y demasiadas cabezas pensantes? ¿No nos hemos convertido en un país de imbéciles e ineficaces, por culpa de una democracia mal entendida? ¿A quién o a quiénes beneficia que todo esto funcione así de mal? A cada cual corresponde responder, haciendo un verdadero examen de conciencia.

Lamentablemente, España ha demostrado no saber administrar una libertad plena. Ha demostrado su irresponsabilidad estrepitosamente y la solución adecuada solo se debe tomar en base al endurecimiento de nuestro concepto de democracia. Leyes más duras y poder más concentrado, que evite la cesión y el chantaje. Probablemente, el error esté en la propia Transición Española. Cuando el General Franco legó al Rey el poder absoluto tras su muerte, hoy dudo si no hubiera sido mejor que Su Majestad no cediera tan generosamente la práctica totalidad de dicho poder al pueblo soberano en pos de una constitución que sin duda era necesaria, pues si el Rey conservara hoy algunos de los derechos que le fueron otorgados, y pudiera ejercerlos de manera unilateral y sin que nadie le pudiera responder, otro gallo cantaría ya que la Corona es la única institución que verdaderamente siempre ha estado en su lugar.

España necesita cambios drásticos y recortes en libertades mal entendidas si pretende alcanzar una mayor libertad social verdadera. Libertad con letras mayúsculas. Porque los españoles no son como los alemanes, y cuando al español de hoy se le indigna moralmente mediante artificios y mentiras, se le convierte en un absoluto y dignísimo idiota. Es duro pero es así. Y a la vista está.

 

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5 comen.
  1. JOAQUIN GASSET Y DE PABLO dijo:

    Don Juan Carlos es un buen Rey, en una España de traiciones y traidores él ama profundamente a su Patria y por ella da todo. En una España de trapisondistas y sansirolés él sabe siempre estar en su sitio, junto al pueblo, no se le conoce otro pensamiento, aunque algunos pretendan meterse en sus aficiones privadas, como si de países bananeros se tratase.

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  2. Luis Yanguas dijo:

    Sin duda Joaquín. Ten en cuenta que España es un país en el que hay mucha envidia. Parece que a la gente la envidia le alimenta…Esa circunstancia, unida a la poca formación intelectual de la mayoría, hace que surjan críticas absurdas y palabrería barata en torno al Rey.

    Un abrazo,

    Luis

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  3. D.A.S. Corbett dijo:

    Bravo! mi amigo, Joaquin.
    Daniel

    Responder
  4. D.A.S. Corbett dijo:

    Bravo! mi amigo, Joaquin.

    Daniel

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  5. Jorge Luis Calderón Salcedo dijo:

    Perdona lo extemporáneo de mi comentario.

    A todo lo que has planteado, agrega la desmesurada penetración ilegal de subsaharianos de los últimos días, todo ante la mirada complaciente de las autoridades europeas. Soy venezolano y me doctoré en la Universidad Complutense de Madrid en 2004. Ahora estoy de vuelta, luchando contra un régimen comunista en mi país. Pero siempre respeté los fueros y las ordenanzas mientras viví en España, a la cual agradezco su hospitalidad…..aparte de quererla como madre patria y como origen de mi propia familia.

    Saludos

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