LAS MENTIRAS DE UNA CELEBRACIÓN

05 nov
5 noviembre, 2012

Hace tiempo que le doy vueltas a ese asunto tan incómodo y antipático para tantos, que es el nacionalismo actual catalán. No entiendo bien los motivos del mismo ni la justificación lógica para los argumentos y planteamientos que defiende. Mejor dicho, los conozco pero ni los entiendo ni los podría compartir de ninguna forma.

El nacionalismo catalán que hoy conocemos, surgido hace relativamente pocos años y acrecentado en base a criterios y justificaciones relacionadas con motivos eminentemente económicos, está hoy liderado por una corriente de pensamiento cuyos creadores y adalides son las fuerzas vivas por todos conocidas que, manejando a su antojo a una mayoría de ciudadanos catalanes generalmente poco instruidos y desconocedores del fondo verdadero de las cosas, inventan y hacen pasar por cierto que la maquinaria diabólica del Estado español opresor es la culpable de todos y cada uno de los males que les atañen, que Cataluña es cada vez menos próspera por culpa de ese Lucifer negruzco y ardiente encarnado en la Administración Central, y que cuanto antes se libre esa región ibérica del opresor yugo (y las flechas), de España, antes empezará a vivir esa imaginaria ascensión meteórica hacia las cimas de la riqueza y la prosperidad general de las que jamás debió Cataluña descender.

 

Burro catalán

 

A causa de lo anterior, y aprovechando la gran mentira histórica que supone el día de la Diada catalán, el pasado once de septiembre se manifestó en las calles de Barcelona un número indeterminado pero indudablemente alto de catalanes que, tras un gasto ingente de dinero y traídos en autobús desde sus pueblos y aldeas de origen por los distintos movimientos independentistas, quemaron banderas españolas, dieron voz a las reivindicaciones independentistas de esas fuerzas vivas que todos conocemos y demostraron que la gran mentira histórica y económica está calando hondo en sus mentes y en sus actitudes. Todo ello en medio de grandes parrilladas, donde frieron muchas butifarras y portaron barretinas mientras bailaban mil y una sardanas, como si todas aquellas costumbres no formaran parte de la rica multiculturalidad de la patria española.

Agotado en las instituciones soberanistas catalanas el discurso independentista originado en supuestos motivos históricos, una vez se han informado y dado cuenta de que dicho discurso no se sostiene por ninguna parte por suponer de nuevo una gran farsa sin base alguna, los nuevos mandamases del poder catalán han decidido unirse definitivamente a esa senda tan romanticona, utópica y no menos peligrosa que tiene por objetivo la independencia de Cataluña. Y lo explican así, sin miramientos, aduciendo básicamente que quieren ser lo que jamás han sido (independientes), para poder administrarse sin contar con Madrid, para que su dinero sea solo para ellos y para que no tengan que repartir nada con nadie. Así sin más. Todo muy “catalán”.

Se puede decir de forma más enrevesada o podemos adornarlo de rosas y buenas palabras, pero el motivo principal es este y no otro. Y si a todo esto, le añadimos una crisis económica sin precedentes que afecta a toda España (y, por tanto, a Cataluña), un desempleo que solo en Cataluña ronda los 600.000 tíos, y un discurso político indecente pero muy bien maquillado y destinado a que la gran mentira surta el efecto adecuado en las mentes del pueblo catalán mediocre, el resultado es la manifestación del pasado día once en Barcelona, llena hasta las trancas de mediocres tan engañados como enfurecidos haciendo procesiones florales a un político más español que el cante jondo y quemando banderas de su propio país mientras corren por las calles de la ciudad Condal como alma que persigue el diablo, para extender el discurso de mediocridad, mentira e indignidad que les ha sido introducido en su débil mente y con calzador por parte de esas fuerzas vivas de las que hablo.

Está claro que el momento económico que atravesamos propicia la gran crecida de desastres de este tipo. Tampoco podemos obviar que las fuerzas vivas de la gran farsa catalana, aprovechan la idiosincrasia actual para enarbolar determinados estandartes que ayudan a avivar la llama del engaño y echan leña a la hoguera de los ánimos generales de la gente. Todo eso está claro. Pero, ¿hasta dónde debemos permitir los españoles, tanto catalanes como del resto de Comunidades Autónomas, que se nos falte al respeto tan grave y repetidamente?. ¿Debemos bajar de una vez el telón de todo este circo nacionalista y responder a las instituciones catalanas con sanciones realmente duras y posturas inflexibles?.

Yo sería partidario de aprovechar precisamente el momento económico actual, en el que Cataluña se ve necesitada al igual que tantas otras Comunidades Autónomas, para endurecer la postura del gobierno central y aplicar la ley hasta las últimas consecuencias, exigiendo a Cataluña el respeto máximo a las instituciones, el acatamiento extremo de todos los artículos de la Constitución y, por qué no, el inicio inmediato de un proceso de restablecimiento de las políticas necesarias que inculquen al pueblo catalán el amor a España, su patria, desde las escuelas, desde las instituciones y desde la calle.

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3 comen.
  1. Manuel dijo:

    Hay que tener en cuenta también el descrédito que tiene el TC para la ciudadanía en general ¿no crees?

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  2. Carlos dijo:

    Me a encantado este articulo, donde sin meterse con nadie ni insultar se dice una gran verdad, Cataluña es España, siempre lo fué y espero que siempre lo sea, por que consideramos a los Catalanes como propios con su cultura y sus costumbres, son parte de España, muy bueno, gracias.

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