SOBRE LA FRAGATA MERCEDES Y EL TESORO EXPOLIADO POR “ODYSSEY”

05 mar
5 marzo, 2013

 Saná, Yemen, 4 de marzo de 2013

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Que los navíos que cubrían las rutas comerciales establecidas por España entre nuestros dominios imperiales americanos y la península fueron siempre objetivo de piratas y corsarios ingleses o de otras naciones es algo de sobra conocido, pero mención aparte merece el ataque sufrido por nuestras fragatas a manos de los ingleses en la soleada y trágica mañana del día 5 de octubre del año 1804.

Aquella mañana, la flotilla española al mando del gran marino y Gobernador de Montevideo don José Bustamante y Guerra,  compuesta por las fragatas Medea (que él mismo comandaba), Mercedes, Fama y Santa Clara, recorría las últimas millas de la travesía que había emprendido en el mes de agosto desde el puerto español de Montevideo con destino a Cádiz.  A bordo, un valioso cargamento y cientos de marinos, comerciantes, mujeres y niños que regresaban a casa.

José Bustamante y Guerra, marino, político y explorador español al mando de nuestra flota

José Bustamante y Guerra, marino, político y explorador español al mando de nuestra flota

Bustamante, marino ilustrado de amplia trayectoria que había proyectado y participado junto a su amigo Alessandro Malaspina en la histórica expedición en la que España llevó a cabo la mayor hazaña naval político-científica de la historia, comandaba aquella flota comercial y pacífica que no esperaba sufrir altercado alguno ya que en ese momento España estaba en paz con Inglaterra y la Corona Española se había posicionado neutral en el conflicto que en aquel tiempo enfrentaba a Francia con los británicos.  Pero Inglaterra no pareció entender aquella neutralidad de la misma manera, y al despuntar el alba aquel día 5 de octubre, costeando nuestra flota el cabo portugués de Santa Marta a eso de las seis y media, los españoles divisaron en el horizonte  una sospechosa flota inglesa compuesta por 4 naves, ante la cual los nuestros decidieron no variar su rumbo al no temer ser atacados en tiempos de paz.

De tal forma, tras avanzar varias millas y ubicarse ambas flotas frente a frente a una distancia aproximada de 50 metros, nuestros hombres observaron cómo el Vicealmirante Graham Moore, jefe de la escuadra inglesa, daba órdenes a uno de sus botes, que inmediatamente se aproximó hasta la nave capitana española “Medea” para trasladarle al jefe español que su escuadra quedaría apresada por Inglaterra, noticia que fue recibida por Bustamante con enorme pasmo y gigantesca perplejidad, trasladando a aquel mensajero inglés que España no se rendía, que aquello era un atropello indigno en tiempos de paz y que volviera por donde había venido. Era una cuestión de honor, a pesar de que la escuadra española había inutilizado todos sus cañones al no esperar utilizarlos en tiempos de paz, y pese a ser nuestros hombres perfectamente conscientes de la superioridad de aquella escuadra de guerra inglesa que les sorprendía a traición, con cientos de cañones cargados de pólvora y a pocas horas de la esperada llegada al puerto de Cádiz.

La fragata "Mercedes"

Tras nuestra negativa a la rendición, inmediatamente el comodoro Moore lanzó un primer cañonazo, que fue recibido con asombro e indignación tanto por el jefe español como por nuestras cuatro fragatas y todas aquellas personas, en su mayoría mujeres y niños, que en buena parte abarrotaban las enfermerías de los navíos a causa de los estragos de tan largo viaje y veían silbar sobre sus cabezas unas cobardes balas de cañón inimaginables e inesperadas hasta ese momento.

A ese primer disparo le sucedió otro, pero fue a las nueve y media de la mañana cuando el certero tercer cañonazo inglés reventó el castillo de la fragata Mercedes, capitaneada por don José Manuel de Goicoa y Labart, haciendo explotar su polvorín y por tanto hundiendo para siempre tanto su cargamento como su pasaje en las profundidades del océano atlántico. 249 almas inocentes y una fortuna enorme proveniente de Indias (compuesta por unos 700.000 pesos a nombre de distintos mercaderes y 250.000 a nombre de Carlos IV, además de piezas de oro, plata, piedras preciosas, pieles, telas de vicuña, o especias como la canela), se perdían para siempre de un modo injustificado y ruin con pocos o ningún precedente en la historia naval mundial.

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Las tres fragatas hispanas aún a flote fueron hechas prisioneras  por Moore y enviadas a Inglaterra junto a 51 españoles inocentes, entre ellos don Pedro Afán de Ribera, único oficial de la “Mercedes” que sobrevivió al ataque. El gobierno británico,  que recibió incluso las críticas más feroces de la propia prensa inglesa (uno de los diarios británicos de aquellos días, llegó a decir que “nuestra bandera, como la de los piratas, tremola sobre los muertos”), permaneció impasible en su indignidad y no permitió indemnizar siquiera a las viudas de aquellos españoles que habían sido asesinados en tiempos de paz a manos de quien España consideraba hasta aquel momento una potencia amiga.

El testimonio del propio José Bustamante, que narró lo sucedido y que ha llegado hasta nuestros días, representa un escenario espantoso y sirvió como prueba determinante para que el tribunal de Florida diera la razón recientemente a España en su pugna con los piratas modernos de la empresa “Odyssey” que habían expoliado ese tesoro español hundido hacía dos años. Hombres, mujeres y niños troceados y esparcidos por las cubiertas del resto de los barcos, aguas teñidas de rojo, llanto y sufrimiento por doquier… Tan impresentables fueron las noticias que de aquel episodio llegaron a oídos del Rey de España, que podemos decir sin miedo a equivocarnos que aquello representó la antesala de la Batalla de Trafalgar, acontecida un año después y en la cual matamos a Nelson pero terminamos por sufrir nuestra primera gran derrota a manos británicas, esta vez a causa de diversas circunstancias desafortunadas y también, cómo no, del deshonor y juego sucio protagonizado por algunos marinos ingleses en los prolegómenos de aquel penoso episodio.

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